"El truco de los espejos" de Agatha Christie

-Recuerdo -dijo pensativa la señorita Marple-, un domingo por la mañana en misa… era el segundo domingo de Adviento… estaba sentada detrás de Grace Lamble y comencé a preocuparme más y más por ella, completamente convencida de que le ocurría algo… bastante malo… y, sin embargo, sin poder decir por qué. Era un sentimiento perturbador y muy definido. Lo sé.

-¿Y le ocurrió algo?

-Oh, sí. Su padre, el viejo almirante, llevaba una temporada muy raro y al día siguiente se abalanzó sobre ella con un martillo, gritando que era el Anticristo. Casi la mata. Se lo llevaron a un manicomio y ella se repuso después de una larga temporada de tratamiento en un hospital.

-¿Y tú tuviste ese presentimiento aquel día cuando la viste en misa?

-Yo no lo llamaría así. Se fundaba en un hecho… esas cosas suelen ocurrir así, aunque no sabemos reconocerlas a su debido tiempo. Llevaba el sombrero mal puesto. Esto era muy significativo, porque Grace Lamble era una mujer muy metódica, y nada distraída… y las circunstancias que hicieron que no se diera cuenta de cómo llevaba el sombrero fueron muy importantes. Su padre le había arrojado un pisapapeles de mármol, que no le dio, pero rompió el espejo. Ella cogió el sombrero a toda prisa y se lo puso antes de salir corriendo para guardar las apariencias delante de los criados.

Me parto.

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