-¿Usted nunca se preocupa por nada?
-Tengo una defensa secreta, mister Wormold. Me intereso en la vida.
-Yo también, pero…
-A usted le interesa una persona, no la vida. Y la gente se muere o nos deja…, lo siento, no me refería a su mujer. Pero si a usted le interesa la vida nunca le defraudará. Me interesa la azulinidad del queso. A usted no le da por los crucigramas, ¿verdad, mister Wormold? A mí sí, son como las personas: se llega al fin. Puedo terminar cualquier juego de crucigramas en una hora, pero tengo un descubrimiento sobre la azulinidad del queso que nunca llegará a una conclusión…, aunque uno, por supuesto, sueña con que llegue un momento… Algún día tengo que mostrarle mi laboratorio.
-Tengo que irme, Hasselbacher.
-Debería soñar más, mister Wormold. La realidad en nuestro siglo es algo que no debe afrontarse.